La economía del conocimiento

La economía del conocimiento está cambiando nuestras vidas. Mide la aplicación del saber y la creatividad para generar valor y mejorar procesos. El térmico fue usado por primera vez en 1969 por Peter Drucker. Definió el conocimiento como una fuerza productiva, igual de importante que la tierra para la agricultura, la ganadería, las finanzas, la industria y otras áreas. Desde entonces el Banco Mundial lo incorporó en sus análisis económicos.

Incluyen a las actividades productivas con el uso intensivo de tecnología y que requieren de trabajadores altamente cualificados. Los datos procesados se convierten en conocimiento gracias a la tecnología (Big Data, Machine learning, Cloud computing). Este conocimiento se pone al servicio de las distintas áreas de las empresas: atención al cliente, compras, servicio de producción, desarrollo de negocio, optimización de recursos, nuevos productos, etc. Existen modelos descriptivos (Business Intelligence) y ahora la tecnología permite el uso de datos para trabajar con modelos predictivos. En definitiva, el conocimiento genera valor y este valor.

Covid-19 y su impacto mundial

El Covid-19 es una enfermedad infecciosa provocada por el virus SARS-COV-2 y que tras los primeros brotes a finales de 2019 en Wuhan (China), se ha extendido por todo el mundo a gran velocidad (pocos meses) provocando una verdadera crisis sanitaria. Creo que la situación actual nos ha sorprendido a  todos y cada uno de nosotros. A principios de año no me imaginaba que pudiera pasar algo así. Muchas personas se han visto afectadas por este nuevo virus de forma directa o indirecta. Muchas familias que han perdido familiares, no han podido despedirse de ellos. Mis condolencias a todas estas familias.

Las pandemias no son algo nuevo si revisamos la historia. Lo verdaderamente nuevo es el hecho de que todo el mundo (literalmente) está hablando y  tratando una misma enfermedad. Ha afectado de manera global y ha paralizado gran parte de los ciudadanos de los países del mundo (unos 180 países), por supuesto, con distintos grados de afectación y de confinamiento, dependiendo de cada país. El mundo nunca había estado tan globalizado/interconectado como hasta ahora.  Gran número de países han priorizado el romper las cadenas de contagios aplicando el confinamiento. El objetivo tras esta medida es el de reducir el número de infectados y la propagación del virus. Los efectos colaterales, son los que se pueden ver en las noticias. En definitiva, una crisis sanitaria que derivará en crisis económica con efectos políticos, empresariales y sociales. Por otro lado, se ha priorizado  durante la pandemia a atender a los pacientes de Covid-19, y esto tiene otro coste oculto al dejar de lado personas con otras enfermedades o problemas de salud.

En cuanto a la hiper-globalización que hemos estado viviendo durante décadas, el Covid-19 ya le ha puesto un freno y se van a “recalibrar” las cadenas de suministro. Hace ya unos años muchas fábricas dejaron Asia para ser repatriadas a sus países de origen y sin duda la situación actual, va a acelerar este proceso. Un gran número de empresas europeas y americanas ya han aplicado estas acciones o están en proceso. Por poner un ejemplo concreto, en Europa casi no se produce Paracetamol por lo que hay una fuerte dependencia con Asia con este fármaco. Algunas medidas que los gobiernos podrían llegar a implantar en este proceso de “recalibración: Mayor protección a la industria propia, relanzamiento de I+D+i nacional, stock estratégicos, entre otros.

Por otro lado y desde mi punto de vista, se ha dado un salto de unos 7 años en tecnología en pocas semanas. Ha habido una transformación digital rápida tanto en familias como empresas ajenas a la tecnología (las empresas tecnológicas llevan tiempo digitalizadas, pues lo llevan en su ADN).  Hemos podido experimentar como a pesar de las distancias la tecnología nos permite estar en contacto con familiares, clientes, compañeros de trabajo. También hemos podido darnos cuenta de lo importante que es la tecnología en nuestras vidas, tanto a nivel personal como profesional.

¿Qué va a suceder en los próximos meses? ¿Está el Covid-19 bajo control? ¿Habrá algún rebrote? Hay muchas preguntas y todavía falta información al respecto de este nuevo virus, pero lo que sí podemos tener claro es que el Covid-19 ha llegado para quedarse.

Grafeno como base de tecnología emergente

La innovación lo que pretende es aprovechar el conocimiento acumulado para aplicarlo en soluciones que satisfagan necesidades en el mercado. Quería aprovechar este post para hablar sobre un material que parece ser tiene por delante una gran variedad de aplicaciones y que puede revolucionar muchos de los sectores actuales debido a las excelentes propiedades que ofrece. Estoy hablando del grafeno.

El grafeno es un material muy fino formado por un átomo de espesor, su composición es de carbono y posee importantes propiedades; alta conductividad térmica y eléctrica, flexibilidad y elasticidad, extremadamente resistente y transparente.

Se considera al grafeno como material del futuro pero el descubrimiento se realizó hace más de medio siglo, sin embargo no se le dio la suficiente importancia porque se pensó que era un material inestable desde el punto de vista térmico. Entonces, ¿por qué ahora parece ser tan importante el grafeno? Las propiedades del grafeno son muy interesantes para aplicaciones de electrónica; cables de alta velocidad, acumuladores de energía (supercondensadores), pantallas táctiles flexibles, etc. Pero también para otro tipo de sectores como aplicaciones médicas, desalinización del agua y materiales para construcción.

Me centraré en la aplicación del grafeno para fabricar acumuladores de energía, debido a que considero una línea de investigación interesante que estaría ligada con el sector de automoción.  Primero de todo quería explicar la diferencia entre un condensador y una batería. Simplificando mucho la explicación, ambos sirven para acumular carga eléctrica, la batería convierte carga electroquímica en energía eléctrica y el condensador almacena cargas estáticas. A efectos prácticos el condensador puede almacenar mucha menor carga eléctrica que la batería, sin embargo su tiempo de carga es mucho menor. Con el grafeno se podrían hacer condensadores de muy alta capacidad (supercondensadores con capacidades equivalentes a baterías) manteniendo un tiempo extremadamente reducido en su carga (del orden de minutos). Es principalmente la velocidad en la carga de acumuladores lo que proporciona atractivo en las aplicaciones de vehículo eléctrico. Además, sería un compuesto orgánico (es una forma del carbono) de bajo coste y se puede reciclar sin contaminar.

El grafeno a pesar de ser una tecnología emergente hay en el mercado centenares de empresas que en diferentes categorías se mueven entorno a este material.