Orientación a resultados

Cualquier persona puede conseguir buenos resultados Un resultados es un efecto derivado de una acción, incluso no hacer nada también es una acción. Si queremos resultados diferentes, debemos de hacer cosas que no habíamos hecho antes.

Un avance importante a nivel empresaria es cambiar la metodología de trabajo orientada a tareas por otra diferente orientada a resultados. Este cambio puede suponer un incremento de la efectividad en las personas y eficiencia en los procesos.

Nuestra actitud y comportamiento condiciona las acciones que realizamos en el día a día. El origen de este comportamiento radica en lo que pensamos y en lo que sentimos, y éstos se alimentan mutuamente. Los pensamientos y sentimientos son el cristal por el cual vemos el mundo de nuestro alrededor. Nuestras percepciones y expectativas vienen condicionadas por lo que pensamos y sentimos.  Finalmente según esta interpretación de nuestro exterior tendremos una determinada actitud que marcará nuestro comportamiento, y seguidamente nuestras acciones. Como se puede ver, hay bastante complejidad en todo el proceso que nos lleva a actuar de una forma determinada, sin embargo el origen está en lo que sentimos y pensamos.

La palabra tiene poder, la que decimos en voz alta tiene un impacto mayor del que esperamos en las personas que están en nuestro alrededor, por otro lado, las palabras que nos decimos a nosotros mismos también tiene un gran impacto en nuestra forma de ver el mundo. Por este motivo es muy importante nuestro diálogo interior.  Ante una misma situación dos personas pueden vivir la misma experiencia de forma completamente diferente. Si ante un reto nos decimos que no podemos superarlo, nuestra mente deja de trabajar, pero si nos preguntamos cómo puedo alcanzarlo, nuestra mente continúa trabajando buscando respuestas y caminos.

Las personas que consiguen excelentes resultados utilizan un patrón similar al del proceso científico, que consta de tres fases: tener una visión, elaborar una estrategia con objetivos precisos para alcanzarlo y plantearse una «fase crítica» para identificar cuáles van a ser los principales problemas con los que se van a encontrar por el camino.

 

El cambio de dirección de Intel

Intel fabricaba memorias a gran escala. A mediados de los 80 los fabricantes japoneses iniciaron una ofensiva reduciendo el precio de sus productos que competían directamente con Intel. Esta ofensiva fue exitosa ya que Intel perdió 173 millones de dólares en 1986.

En esta situación de gran dificultad el presidente Grove tuvo que cambiar la dirección de Intel de forma repentina. Para ello formuló la siguiente pregunta a Gordon Moore; » Si nos echaran y el consejo trae un nuevo presidente, ¿qué crees que hará? Moore respondió «El nuevo presidente sacaría a Intel del negocio de memorias». Esto fue lo que hizo Grove sin tener que esperar a que lo echaran.

De esta forma Intel aprovecho sus recursos hacia la fabricación de microprocesadores y debido a ese cambio repentino de timón hoy Intel es sinónimo de procesadores.

Se puede extraer de este suceso que cualquier actividad que tenga innovación y riesgo requiere de la flexibilidad para cambiar. En ocasiones es necesario hacer un  cambio de objetivos a largo y corto plazo por un cambio en el entorno y las personas que lideran las organizaciones deben de tener la capacidad para efectuarlo sin aferrarse al pasado.

De la insatisfacción a la innovación

Cuando creamos algo nuevo, se suele crear dos veces; la primera vez cuando la pensamos y la segunda vez  cuando lo implementamos. Sin embargo para que se inicie este proceso, tiene que haber una motivación que sea la chispa que enciende la maquinaria.

Cuando se propone algún nuevo producto, mejora de un proceso u otro tipo de cambio en la empresa, lo primero que sucederá es una oposición a este cambio por parte de algunas o varias personas. Es algo normal y si el cambio merece la pena y va en línea con la estrategia de la empresa, es importante gestionar estas “fuerzas de oposición”, para ello es importante el liderazgo.  Un buen líder es capaz de transformar estas “energías” y canalizarlas para conseguir el objetivo que se plantea.

Aquellas empresas maduras (más de 20 años) que están acomodadas y que llevan tiempo sin innovar, deberán tener cuidado de no quedar desfasadas ante los cambios rápidos de los tiempos actuales, es por este motivo que hay que dejar atrás la autocomplacencia  y tener siempre una actitud de mejora.

Para hacer algo diferente lo primero es salir de la zona de confort y adentrarse en la zona de aprendizaje. Para ello hay que despertar el lado aventurero y que tu motivación por hacer algo nuevo sea superior al miedo u otras limitaciones propias. Otras veces hay algunos aspectos que se han vuelto tan incómodos y te provocan insatisfacción que en cierto modo te facilitan dejar atrás la zona de confort. Todo cambio es un proceso, por tanto requiere de tiempo y energía. Es más útil utilizar la sensación de insatisfacción como «chispa» para hacer algo nuevo, que quejarse y no hacer nada al respecto por mejorar.

Esto se puede aplicar en el mundo empresarial y a nivel personal. A nivel empresarial se puede ir a nuevos mercados y/o desarrollar nuevos productos, ya nivel personal puedes utilizar la insatisfacción en algún aspecto de tu vida como estímulo suficientemente intenso para que pongas nuevos objetivos en línea a tus intereses; cambio de vivienda, nuevas actividades, mejora de formación, etc

De la insatisfacción a la innovación se podría resumir como utilizar un sentimiento de incomodidad de una situación dada como estímulo para mejorar.