La generación de ideas para desarrollo de nuevo producto

Para conseguir un producto de éxito en el mercado es importante la gestión de la Innovación, y una parte importante de la misma consistiría en la generación de ideas.

Previo a la fase de desarrollo del producto, se tiene que partir de que hay una oportunidad de negocio, es decir, se ha hecho un trabajo de estudio interno y externo previo (DAFO). Se debe de haber detectado una necesidad en el mercado, en el cual haya un potencial de clientes dispuestos a pagar por el producto.

Partiendo de que se se ha hecho esta etapa previa, el primer paso en el desarrollo de todo nuevo producto consiste en generar ideas. Para ello se puede utilizar diversas metodologías, aunque la más común y conocida es la «lluvia de ideas» (brainstorming), por lo que es imprescindible hacer uso de las dotes creativas del equipo, y sobretodo tener la mente abierta, dejándola fluir. El hecho de exponer ideas en equipo aumenta el rendimiento, ya que se comparten diferentes puntos de vista (con lo que enriquece el proceso) y favorece la aparición de nuevas ideas a partir de otras.

El siguiente paso consistiría en hacer un filtro y agrupación de ideas, utilizando un criterio determinado (dependiendo de la situación), para pasar de esta etapa creativa en la que hay un pensamiento divergente, a una etapa convergente.

Como dato numérico se puede decir que de 100 buenas ideas, se podrían sacar al mercado unos 10 productos, de los cuales 1 puede tener éxito en el mercado. Aquí habría que definir, qué entendemos por éxito. Consideramos éxito que el producto esté vivo más de un año en el mercado. Hay que tener en cuenta que estos valores concretos dependen del sector, pero sirve para hacernos una idea, más cualitativa que cuantitativa, de la dificultad de conseguir un éxito comercial y de la importancia de generar cantidad y calidad de ideas.

Estas primeros pasos de las etapas de desarrollo son de vital importancia, primero porque son las primeras y si son erróneas los siguientes pasos también lo serán, y segundo porque condicionará en gran medida las propiedades y características del producto final

 

 

Creación de nuevos espacios de mercado

En mercados estancados o de crecimiento lento, la competencia empresarial suele ser dura y por tanto, se traduce a márgenes bajos y poca rentabilidad. Muchas empresas se sienten atrapadas en este tipo de entorno, e instintivamente saben que tienen que cambiar algo, pero simplemente no saben por dónde empezar.

La mayoría de empresas se centran en igualar y superar a sus rivales. Como consecuencia, las estrategias son similares y tienen a converger. Existe una sabiduría no cuestionada en cada sector empresarial (quiénes somos, qué valoran los clientes, gama de productos, etc) que hace que los rivales intenten superarse mutuamente y acaben compitiendo exclusivamente en términos de mejoras marginales en costes, calidad o una mezcla de ambos.

Para crear nuevos espacios de mercados se requiere un pensamiento estratégico diferente, y no centrarse en los límites aceptados que definen como se debe competir. Al pensar de forma diferente y con otro enfoque se pueden encontrar territorios no ocupados que constituyen auténticas innovaciones en valor. La empresa debe comprender cómo crear valor para los consumidores, y para ello es importante tener visión de futuro y tendencia. La innovación en valor es la búsqueda simultánea de un valor significativamente mayor para los compradores y de costes inferiores para la empresa. Los negocios pioneros de una empresa son aquellas actividades que ofrecen un valor sin precedentes.

Las empresas pueden perseguir la innovación en valor de forma sistemática, trascendiendo los límites convencionales definidos de la competencia; sectores sustitutivos, grupos estratégicos, grupos de compradores, oferta de productos/servicios y jugar con cambio de atractivo funcional/emocional.

Un ejemplo de transcender los límites que marcan los sectores sustitutivos sería el caso de la empresa The Home Depot (una empresa del estilo Bauhaus), que revolucionó el mercado del bricolaje en Norteamérica. Sus orígenes se remontan en el 1978, para que nos hagamos una idea. The Home Depot observó que los consumidores tenían dos opciones para mejorar su hogar; contratar un trabajador para hacer el trabajo en sus casas, o comprar las herramientas y hacerlo ellos mismos. La clave de la innovación en este caso, fue comprender por qué los consumidores preferían una opción (sustituto) en lugar de otra. La contratación de un profesional, sólo tiene la ventaja decisiva de que dispone del conocimiento especializado que carece el consumidor. Los consumidores prefieren hacer ellos los arreglos de sus casas porque así ahorran dinero.

The Home Depot consiguió precios reducidos gracias a la eliminación de costes extras (grandes superficies en las afueras, autoservicio, economías de escala, etc), un personal cualificado para asesorar a clientes, incluso patrocinaba cursos en sus propios establecimientos para enseñar habilidades de electricidad, carpintería o fontanería. De modo que ese conocimiento que necesitaba el cliente, The Home Depot se lo proporcionaba.

Podéis consultar la página web de esta empresa para obtener más información; http://www.homedepot.com/